Aprendo de la naturaleza

 27 ago 2015

Se pusieron a pensar que una planta no necesita a nadie para crecer, para saber cómo echar raíces, para dar sus flores? Está claro que si alguien la riega, le pone abono, la cuida del viento, va a crecer mejor, pero no es indispensable para que ella pueda desenvolverse por completo. En las condiciones más adversas, le llevará más tiempo lograrlo, pero va a hacerlo. 

A diferencia nuestra, ellas no se sienten abandonadas si nadie las riega, no se ofenden si nadie disfruta sus flores, no se enojan si alguien las lastima al pasar, no comparan su belleza a la de las demás flores. 

No tienen ego.

Si aprendiéramos a dominar nuestro ego, nos ocuparíamos simplemente de ser quienes somos y de dar lo que tenemos para dar, de la mejor manera posible. Cuánto más sencilla sería nuestra vida. 

No dejo de confirmar cuanto daño puede hacernos nuestra propia cabeza, cuando nos dejamos esclavizar por ella.

Aunque parezca más difícil aplicarlo a nosotros, las personas tampoco necesitamos a nadie para ser quien somos, para que nos defina, para hacer lo que vinimos a hacer. Con ayuda, familia, amigos, pareja, todo es más fácil, pero eso no significa que si estamos solos, no vayamos a alcanzar la misma plenitud que cualquier otro.

Quizás nos lleve más tiempo, como a la flor que crece sin ayuda, porque tras las caídas, sólo contamos con nuestros brazos para levantarnos y nuestros pies cansados para seguir andando. Quizás nos cueste más porque no hay quien nos abrigue si la noche está ventosa, o porque no hay nadie cerca para notar que nos quedamos sin agua. Con calma y confiando en el devenir, aguantamos hasta la próxima lluvia. Nadie muere por eso, aunque alguna hoja perdamos en cada espera, seguimos siendo plantas y seguimos buscando regalarle nuestras flores a quien quiera mirarlas.


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Mi descargo (no apto para sensibles)

 6 ago 2015


Hasta en los momentos más duros de mi vida, siempre sentí un lazo fuertisimo con la alegría y la esperanza. Siempre hubo algo dentro mío, como una llama, que sobrevivía a cualquier temporal y que mantenía vivo e intacto el respeto y el amor por la vida.



Durante todo el proceso de enfermedad que viví junto a mi mamá, saber que la muerte era inminente y cercana, en vez de entristecerme, me hacía fortalecer y aferrar aún más a lo vivo.

Será por eso que me cuesta tanto aceptar mi realidad actual. Mamá se fue hace casi tres meses, y para mi sorpresa, no hay hueco en el que la tristeza no lo haya invadido todo. La sensación de que algo mío se murió con ella es inevitable. Duelo le dicen.

Hace más de un año, cuando me enteré que había vuelto su cáncer, sabía que empezabamos la cuenta regresiva y en ese momento empecé terapia para poder ir trabajando las emociones a medida que aparecían. Semana a semana me fui fortaleciendo, armando de coraje, madurando de golpe y me fui convirtiendo en mamá de mi mamá (aunque un poquito lo fui siempre).

Después de una dolorosa agonía, mamá se fue, y con ella se fue toda mi entereza.

Sé que se llama duelo, que dura varios meses, que nos pasa a todos, que es inevitable, que transitarlo es sano y natural, y que de a poco voy a ir recuperandome. Pero saben que? Apesta, duele, duele demasiado, vivo el día entero con la sensación de vacío y muerte adentro mío, ubicado al ladito de esa llama que antes lo llenaba todo de esperanza.

Me miro en el espejo y no me reconozco, no recuerdo la última vez que me reí a carcajadas, que bailé, que me desperté sonriendo, que disfruté un paseo, que tuve ganas de vestirme linda y salir.
Sé que es normal sentir todo lo que siento, y me lo repito constantemente, pero para mi, que viví siempre tan aferrada a la vida, no lo es y me peleo a diario entre el permitirmelo porque sé que es necesario llorarla, y la desesperación por volver a ver encendida mi llama.

Perdonen mi catarsis, necesitaba hacerla. Sé que en un tiempo voy a ser la optimista que solía ser, pero no podía dejar de dedicar unas palabras a mi tristeza. Quizás dandole lugar fuera de mi, me libera un poco la carga.

Seguro mi próximo post me encuentre más alegre. Es mi deseo y mi intención.

Pd: puse que mi relato no es apto para sensibles porque este tiempo descubrí que a mucha gente le da alergia estar cerca de una persona triste. Quizas piensan que es contagioso, que llorar es sólo para los depresivos, o que hablar de muerte es cosa de locos. No, capos: la tristeza, la rabia, la impotencia, la angustia, son emociones tan válidas como cualquier otra y me permito vivirlas y hablarlas con la naturalidad que merecen.

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La raíz no siempre trae buen alimento.

 4 ago 2015

Tuve un sueño muuuuy extraño e interesante. Soñé que se habían realizado investigaciones sobre toda la humanidad y se había comprobado que podíamos poseer dos clases de maldad diferentes dentro de nuestro corazón. Una adquirida a lo largo de la vida, producto de nuestras propias decisiones cotidianas, de la elección de nuestros valores, y otra, incorporada a nuestra personalidad, pero con un origen ajeno a nosotros.

Esta segunda clase de maldad no nos pertenecía, sino que la tomábamos de la sociedad donde vivimos, de lo que los padres nos enseñaron, de la escuela, de los vínculos que participaron de nuestra formación.


Este mismo estudio, en mi sueño, claro... había descubierto que esa maldad que no nos pertenece, estaba alojada en nuestras raíces y que cortándolas, todo ese bagaje de maldad ajeno a nuestra esencia, se iba de nuestras vidas.

Vi como a toda la humanidad entera se le cortaba esa la raiz, (estaba bajo nuestros pies, como si fueramos árboles)

No, no nos estaban matando. No a todos y no literalmente.

En mi sueño, aquellos que además de esta maldad adquirida, tenían maldad propia, iban a ir marchitandose gradualmente hasta morir, en cambio, los que sólo tenían amor en el corazón iban a vivir con normalidad. O mucho mejor, ya sin toda esa maldad que no les pertenecía. 

Me desperté pensando mucho, porque sé que no todo lo que sentimos dentro nuestro es propio. Muchos pensamientos, valores, miedos, preferencias, las adquirimos de nuestro entorno y no nos pertenecen. También me pareció lógico que se aloje en nuestras raíces, ya que simboliza nuestro pasado, nuestro origen, el lugar de donde venimos.

Si pudiéramos dejar de lado todo lo que adquirimos, todas esas voces en nuestra cabeza que no son la nuestra, si pudiéramos ser sólo aquello que decidimos ser y crear desde la libertad, seguramente romperíamos muchísimas paredes que nos alejan de lo que somos y lo que queremos. No les parece?

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