Todavía no aprendo la lección
5 oct 2013
Siempre que hablo del "autoestima" hay un temita que repruebo una y otra vez, me la llevo a diciembre, marzo, previa, recurso y me la vuelvo a llevar, y es la unidad en donde aprendo a sentirme valiosa sin ayuda de nadie.
Esa unidad en la que a todos nos enseñan a valorar nuestras propias cosas buenas, nos enseñan a estar seguros de quienes somos, a confiar en nuestra voz interior, y a poder autoabastecernos de amor, esa, es la que todavía no me sale del todo bien.
La verdad es que por momentos lo logro, pero muchas veces dejo de encontrar las herramientas dentro mio, empiezo a sentir que pierdo mi eje y comienzo a flotar sin saber a dónde voy, ni dónde estoy.
Esta semana me sentí un poco así. Sin ninguna causa concreta, pero naufragué, porque no encontraba ni mis remos, ni mi brújula interior.
Una persona que más de una vez me sorprendió dandome una mano sin que yo se la pida, volvió a ser el viento que me devolvió a la orilla. Con sus tiradas de oreja, sus mensajes pinchandome para que no me cuelgue, sus consejos, sus lindos abrazos y sobre todo, su enorme paciencia, logra sacudirme lo suficiente como para hacerme ver que las cosas no están tan mal, que mi cabeza otra vez me juega una mala pasada y que todo puede estar mejor, a partir de que yo lo decida. Y fue asi.
Después de charlar un rato y lagrimear a moco tendido, me volví a casa con el pecho apretadito. Pero más allá de sus consejos más o menos acertados, fue su muestra de interés, el tiempo que me regaló sin que se lo pida, sus ganas de verme bien, lo que me dieron el empujón que necesitaba.
Lamento reconocer que a veces es el cariño de otro lo que me hace levantar, pero agradezco infinitamente que siempre haya alguien dispuesto a darme su mano, cuando la mía no encuentra de donde agarrarse.
Gracias por estar siempre, "capo".

0 comentarios:
Publicar un comentario