Una especie de oración
18 mar 2013
Quisiera:
Quisiera:
Recuperarse de una pérdida, de una separación, de una crisis, es algo que, con más o menos cicatrices, todos transitamos alguna vez y sobrevivimos.
Asimilar que todo lo que habías planeado se esfumó, acostumbrarte a que todos esos espacios que eran compartidos hoy te encuentran sola, volver a preguntarte cuál es el sentido de tus decisiones de ahora en más, rediseñar tu camino, cerrar las heridas, perder el miedo y volver a confiar. Misiones que hay que ir cumpliendo con la finalidad de reconstruirnos y que se dicen mucho más fácil de lo que se logran.
A casi un año de la crisis a la que me refiero esta vez, por suerte puedo dar algunas de esas tareas por cumplidas. Estoy entera, sigo creyendo, sigo apostando, ya no estoy abajo del mar, pero tampoco llegué a la orilla. Como digo últimamente, sigo naufragando.
En este recorrido, me di cuenta de algo, que supongo que hice para mantenerme a flote: me armé murallas, por todos lados, por dentro mío, y por fuera. Cuando la sensación de vacío aparecía, la empujaba para atrás con un ladrillo. Cuando la necesidad de un abrazo se acercaba, la frenaba con otro ladrillo. Cuando me hizo falta alguien que me de su mano (como no lo tenía), puse más cimientos. Y es cierto, esas cosas que me faltaban, no sólo se encuentran en una pareja, podría haber buscado la compañía de mis amistades, y sin embargo, me aislé.
Hoy creo que mi corazón no aguantaba una negativa más, estaba destrozado. La única forma de poder seguir viviendo con un corazón roto, que no bombea suficiente fuerza, fue armando una muralla que me sostenía por fuera.
Hace poco que tomé conciencia del miedo que siento. Miedo a que alguien entre en mi vida y me haga sentir por un solo segundo, algo del dolor que sufrí en el pasado. No podría soportarlo, me rompería en pedacitos.
Así que estoy "bien", pero es todo mentira. Estoy viva, estoy entera, miro hacia el futuro y hago mi apuesta. Pero sostengo esto con ladrillos y no con fortaleza. Día a día la voy construyendo esa fuerza y cuando sea lo suficientemente firme, los ladrillos se irán cayendo solos.
Hace unos días conocí a alguien a quien pensé que podía ayudar y me terminó ayudando a mi (Como en "El día en que Nietzche lloró"). Pensé que podía darle un consejo, que podía ofrecerle mi amistad y mi oído, y me dio mucho más de lo que pude darle. Y no hizo nada, eh?. Sólo estuvo ahi cuando necesité probar, por primera vez en mucho tiempo, cómo era esto de mostrarme y confiar. Sólo con eso, me reconectó con todo lo que estaba alejando con ladrillos.
Pude ser yo, sin miedo, y sin vergüenza porque a esa persona le estaba pasando algo similar y sentí que no estaba sola ni tan equivocada, y me di cuenta que quizás somos muchos los que andamos por ahí poniendo ladrillos en vez de pedir un abrazo.
Gracias, defensor de polillas! Fuiste una isla que me permitió dejar de remar por un rato, y descansar.
N.
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