Una despedida que duele
28 sept 2010
Hoy a la madrugada, Feli dejó de estar dentro de su cuerpito, con algo de esfuerzo y luchando con la última gota de energía que le quedaba para seguir con nosotros un poco más.
Me siento orgullosa de él por todo lo que peleó, por todo lo que transitó sin perder su calma, y por hacerme caso en lo último que le pedí anoche: que confíe, que se tranquilice y permita que los ángeles se lo lleven para que pueda dejar de sufrir en ese cuerpo que ya no daba más.
Tengo un dolor que no tiene consuelo. Sé que la tristeza se irá de a poco y sólo me quedarán en la memoria los recuerdos de cada beso que me dio, de cada noche que durmió sobre mi panza, cada tarde que me recibió en la puerta de casa, de cada día que me permitió hacer de mamá y sentirme la persona más privilegiada del mundo por tenerlo cerca.
Fue un grande, un maestro, un sostén, un amigo, mi primer hijo, mi sanador, y ahora va a ser un ángel.